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Ragnar Kjartansson



Me gustó mucho su exposición en la Luhrine Augustine Gallery de Nueva York.

Aquí un fotograma de la videoinstalación que presentó en el pabellón islandés de la Biennale 2009 haciendo el David Crockett:

http://www.banffcentre.ca/media_room/images/wpg/2010/#end

Cabeza, tronco y extremidades

A pesar de que mi memoria a largo plazo se está convirtiendo con el tiempo en terreno dudoso y resbaladizo -y aquí resuena la campanada de mi inminente cumpleaños- aún recuerdo con nitidez mi primera experiencia en el fabuloso mundo del estudio.

Tenía seis años. Me senté junto a la mesa de la cocina y me dispuse a memorizar el primer "recuadro" de extensión considerable que nos habían mandado en el colegio. Abrí el libro de Ciencias Naturales y comencé.

"El cuerpo humano está formado por cabeza, tronco y extremidades".

Enseñanza básica donde las haya. La información, en cambio, resultaba harto incompleta...

No es ninguna novedad que los niños tienen una manera peculiar de conceptualizar la realidad a través del dibujo y que sus niveles de abstracción exceden los límites de la mímesis de los sistemas de representación Occidentales. Yo me centré siempre en la cabeza y las extremidades, relegando al tronco a un papel de simple nexo entre una gran diversidad de ramificaciones amorfas. Otros dibujan cabezas diminutas, perros tan grandes como dragones o casas en las que, como en Alicia en el País de las Maravillas, sus habitantes no cabrían ni de lejos.

El mundo de la infancia es fascinante y misterioso, y las que, como yo, crecimos queriendo ser mayores y nos resistimos ahora a crecer, solemos caer una y otra vez en idealizaciones estereotípicas que nos hablan más de los cuentos y fábulas victorianas que de la experiencia real de ser niñas en el aquí y ahora. La niñez no se parece en nada a los bellísimos editoriales de la revista Lula -mi preferida, por otra parte-, no es romántica, etérea, ni delicada. La mentalidad de un niño es contundente y desproporcionada.

Sobre la desproporción vinculada al universo infantil, citaría dos propuestas fascinantes.

Una de ellas es la serie Wonderland, del artista Yeondoo Jung. Sus reconstrucciones fotográficas de dibujos hechos por niños nos presentan realidades límite donde los objetos poseen escalas sorprendentes. Desde que vi sus fotos en el número 33 de Exit "Érase una vez" - altamente recomendable-, no he dejado de pensar en su representación hipnótica del estereotipo y la presencia totalizadora del ideal Occidental difundido por Disney, Barbie y demás redes de consumo.

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La otra propuesta viene de la mano de la Maison Martin Margiela y sus prendas de juguete reproducidas a escala humana presentadas en la colección de Otoño/Invierno 1994-95 y en primavera/verano de 1995 y 1999. No las conocía antes de verlas en la exposición del MOMU. Botones desmesuradamente gigantes, cremalleras gordísimas, hilos tan gruesos como cables de teléfono y ese aspecto rígido e informe que siempre han tenido las prendas de Barbie, Ken y su viril amigo G.I. Joe. Mi detalle preferido: los típicos hilos que cuelgan, evidenciando la precaria manufactura de la ropa muñequil, convertidos en maxi-hilazos de aspecto terrorífico.



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Y, recordad, el cuerpo humano está formado por...

1-4. Fotos de la serie Wonderland de Yeondoo Jung.
5-6. Fotos de la exposición Maison Martin Margiela (20) (MOMU, Antwerpen, 12 septiembre 2008- 8 febrero 2009)

Krimildas modernas


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El otro día descubrí al fotógrafo Ruven Afanador, o, más concretamente, descubrí su nombre, pues sus maravillosas fotos ya habían pasado de manera anónima por delante de mis ojillos inquietos. Son agresivas e hipnóticas. No imagino a nadie mejor para retratar a la mala malísima del cuento.

Quería compartir algunas de mis imágenes favoritas, pero, por el camino, me he ido topando con excursos fabulosos de los que me permiten ser dispersa y, según mi antigua universidad, comparativa.

He pensado inevitablemente en las leyendas germánicas, en el ciclo de los Nibelungos y en el fascinante estilismo de Krimilda en Die Nibelungen (Fritz Lang, 1924). Sus trenzas interminables me han conducido hasta las ilustraciones de Arthur Rackman para los libretos de las óperas de Wagner, con esas cautivadoras ninfas acuáticas cuyos cabellos se confunden con las aguas del Rin. He descubierto también que, sin saberlo, tuve durante años un fragmento de una de esas ilustraciones decorando una de las paredes de mi habitación de adolescente. Nunca llegué a identificarla.

Y, después de esto, me encuentro, simplemente, extasiada.

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1-2. Fotos de Ruven Afanador.
3-4. Fotogramas de Die Nibelungen (Fritz Lang, 1924)
5-6. Ilustraciones de Arthur Rackman para Der Ring Des Nibelungen (1910 ca.) de Richard Wagner.


Out of Season



En un mundo de pre-collections, pre-falls y colecciones crucero, deberíamos estar ya acostumbrados a los desvaríos estacionales y la imposibilidad de ubicarnos en la temporada, lugar y momento adecuados. No se trata de estar pasado de moda, sino de lograr salvar, con habilidad, las fricciones entre la meteorología simbólica y la real.

Yo soy la primera que se quita las medias antes de tiempo -me encanta pasar frío en los pies mientras voy aún de manga larga-, y se calza las botas cuando aún ni siquiera procede el cardigan de rigor a partir de las 10 de la noche. No es más que impaciencia, nada especial.

Sin embargo, este nivel de desubicación puede ser aún mayor.

Ayer vi Legend. Lo sé, una película que debería haber visto hace 20 años, sólo que entonces tenía otros intereses. No me gustaba el color rosa, ni me sentía especialmente atraída por los cuentos de hadas y princesas. Quería ser escritora, pero de novela realista.

Ver Legend me cautivó, me fascinó y me hizo soñar con nieves perpétuas. Recordé la estética densa y saturada de Pierre et Gilles y la colección de Luella del invierno pasado, proyectándome, a su vez, hacia toda una memoria fantástico-audiovisual del último cuarto de siglo. Me di cuenta, entonces, de que estoy, completa y abnegadamente, out of season.





El otro día avisté, sobre un cuerpo familiar, un bolso con motivos navideños. Instantáneamente me confesé cautivada por tal muestra de atemporalidad. Es como llevar una cesta de paja en enero, como esos cuentos en los que pasar del frío a la primavera es sólo una cuestión moral.

Fotogramas de Legend (Dir. Ridley Scott, 1985)
Pierre et Gilles, Le renard, 1998
Pierre et Gilles, Dans le Porte du Havre, 1998
Luella, colección Otoño/Invierno 08

Pájaros en la cabeza








Si hay algo que puedes hacer hoy en día por internet es comprar. Si hay algo que no debes dejar de hacer es mirar, mirar hasta que te salten los ojos.



Creyente y practicante del segundo enunciado, pronto descubrí las posibilidades de Etsy como fuente inagotable de uno de mis fetiches menos secretos: el fabuloso mundo de los retratos zoomorfos. Perros vestidos de Edgar Allan Poe, damas de sociedad, Alicias y Caperucitas rematadas con rotundas cabezas mamíferas o pájaros encorbatados. Todo un mundo, vaya. Te puede repugnar, pero nunca dejará de fascinarte.



Con todo esto, y más, nos alimenta Sarah Ogren. Sus retratos exploran el sempiterno lado oscuro de la naturaleza humana, ése que transita entre lo mágico y lo diabólico, entre el cuento de hadas y la pesadilla. No es nada nuevo, pero hace tiempo que eso dejó de importarnos. Pienso en las fábulas.



Pienso también en Alberto Vázquez, gran fabulista del cómic peninsular y miembro fundador del extinto Fanzine Enfermo, y en sus historias turbias protagonizadas por ardillas y pajaritos. En el bosque se cuecen cosas feas, nos dicen.




Si quieres ver su trabajo, y el de sus no menos talentosos partenaires, no te pierdas la exposición de Fanzine Enfermo en el inminente Salón Internacional del Cómic de Barcelona (29 de mayo - 1 de junio 2009). Y si te gusta lo que ves, puedes comprar el tomo recopilatorio que acaba de publicar Astiberri. Y si no, conviértete en un voyeur atemporal gracias a la intimidad de tu ordenador. Que no te avergüence decir que te gustan los gatos con porte de Baudelaire.


¿Qué tendrán los retratos de bestias antropomorfas que no pasan nunca de moda? ¿Será que tenemos pájaros en la cabeza?










Sarah Ogren- The Babysitter III

Alberto Vázquez- El evangelio de Judas, Ed. Astiberri
Enfermo, Ed. Astiberri

Sarah Ogren- The dancing rabbits



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