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Cabeza, tronco y extremidades
A pesar de que mi memoria a largo plazo se está convirtiendo con el tiempo en terreno dudoso y resbaladizo -y aquí resuena la campanada de mi inminente cumpleaños- aún recuerdo con nitidez mi primera experiencia en el fabuloso mundo del estudio.
Tenía seis años. Me senté junto a la mesa de la cocina y me dispuse a memorizar el primer "recuadro" de extensión considerable que nos habían mandado en el colegio. Abrí el libro de Ciencias Naturales y comencé.
"El cuerpo humano está formado por cabeza, tronco y extremidades".
Enseñanza básica donde las haya. La información, en cambio, resultaba harto incompleta...
No es ninguna novedad que los niños tienen una manera peculiar de conceptualizar la realidad a través del dibujo y que sus niveles de abstracción exceden los límites de la mímesis de los sistemas de representación Occidentales. Yo me centré siempre en la cabeza y las extremidades, relegando al tronco a un papel de simple nexo entre una gran diversidad de ramificaciones amorfas. Otros dibujan cabezas diminutas, perros tan grandes como dragones o casas en las que, como en Alicia en el País de las Maravillas, sus habitantes no cabrían ni de lejos.
El mundo de la infancia es fascinante y misterioso, y las que, como yo, crecimos queriendo ser mayores y nos resistimos ahora a crecer, solemos caer una y otra vez en idealizaciones estereotípicas que nos hablan más de los cuentos y fábulas victorianas que de la experiencia real de ser niñas en el aquí y ahora. La niñez no se parece en nada a los bellísimos editoriales de la revista Lula -mi preferida, por otra parte-, no es romántica, etérea, ni delicada. La mentalidad de un niño es contundente y desproporcionada.
Sobre la desproporción vinculada al universo infantil, citaría dos propuestas fascinantes.
Una de ellas es la serie Wonderland, del artista Yeondoo Jung. Sus reconstrucciones fotográficas de dibujos hechos por niños nos presentan realidades límite donde los objetos poseen escalas sorprendentes. Desde que vi sus fotos en el número 33 de Exit "Érase una vez" - altamente recomendable-, no he dejado de pensar en su representación hipnótica del estereotipo y la presencia totalizadora del ideal Occidental difundido por Disney, Barbie y demás redes de consumo.
Tenía seis años. Me senté junto a la mesa de la cocina y me dispuse a memorizar el primer "recuadro" de extensión considerable que nos habían mandado en el colegio. Abrí el libro de Ciencias Naturales y comencé.
"El cuerpo humano está formado por cabeza, tronco y extremidades".
Enseñanza básica donde las haya. La información, en cambio, resultaba harto incompleta...
No es ninguna novedad que los niños tienen una manera peculiar de conceptualizar la realidad a través del dibujo y que sus niveles de abstracción exceden los límites de la mímesis de los sistemas de representación Occidentales. Yo me centré siempre en la cabeza y las extremidades, relegando al tronco a un papel de simple nexo entre una gran diversidad de ramificaciones amorfas. Otros dibujan cabezas diminutas, perros tan grandes como dragones o casas en las que, como en Alicia en el País de las Maravillas, sus habitantes no cabrían ni de lejos.
El mundo de la infancia es fascinante y misterioso, y las que, como yo, crecimos queriendo ser mayores y nos resistimos ahora a crecer, solemos caer una y otra vez en idealizaciones estereotípicas que nos hablan más de los cuentos y fábulas victorianas que de la experiencia real de ser niñas en el aquí y ahora. La niñez no se parece en nada a los bellísimos editoriales de la revista Lula -mi preferida, por otra parte-, no es romántica, etérea, ni delicada. La mentalidad de un niño es contundente y desproporcionada.
Sobre la desproporción vinculada al universo infantil, citaría dos propuestas fascinantes.
Una de ellas es la serie Wonderland, del artista Yeondoo Jung. Sus reconstrucciones fotográficas de dibujos hechos por niños nos presentan realidades límite donde los objetos poseen escalas sorprendentes. Desde que vi sus fotos en el número 33 de Exit "Érase una vez" - altamente recomendable-, no he dejado de pensar en su representación hipnótica del estereotipo y la presencia totalizadora del ideal Occidental difundido por Disney, Barbie y demás redes de consumo.
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La otra propuesta viene de la mano de la Maison Martin Margiela y sus prendas de juguete reproducidas a escala humana presentadas en la colección de Otoño/Invierno 1994-95 y en primavera/verano de 1995 y 1999. No las conocía antes de verlas en la exposición del MOMU. Botones desmesuradamente gigantes, cremalleras gordísimas, hilos tan gruesos como cables de teléfono y ese aspecto rígido e informe que siempre han tenido las prendas de Barbie, Ken y su viril amigo G.I. Joe. Mi detalle preferido: los típicos hilos que cuelgan, evidenciando la precaria manufactura de la ropa muñequil, convertidos en maxi-hilazos de aspecto terrorífico.
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Y, recordad, el cuerpo humano está formado por...
1-4. Fotos de la serie Wonderland de Yeondoo Jung.
5-6. Fotos de la exposición Maison Martin Margiela (20) (MOMU, Antwerpen, 12 septiembre 2008- 8 febrero 2009)
5-6. Fotos de la exposición Maison Martin Margiela (20) (MOMU, Antwerpen, 12 septiembre 2008- 8 febrero 2009)
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Out of Season
En un mundo de pre-collections, pre-falls y colecciones crucero, deberíamos estar ya acostumbrados a los desvaríos estacionales y la imposibilidad de ubicarnos en la temporada, lugar y momento adecuados. No se trata de estar pasado de moda, sino de lograr salvar, con habilidad, las fricciones entre la meteorología simbólica y la real.
Yo soy la primera que se quita las medias antes de tiempo -me encanta pasar frío en los pies mientras voy aún de manga larga-, y se calza las botas cuando aún ni siquiera procede el cardigan de rigor a partir de las 10 de la noche. No es más que impaciencia, nada especial.
Sin embargo, este nivel de desubicación puede ser aún mayor.
Ayer vi Legend. Lo sé, una película que debería haber visto hace 20 años, sólo que entonces tenía otros intereses. No me gustaba el color rosa, ni me sentía especialmente atraída por los cuentos de hadas y princesas. Quería ser escritora, pero de novela realista.
Ver Legend me cautivó, me fascinó y me hizo soñar con nieves perpétuas. Recordé la estética densa y saturada de Pierre et Gilles y la colección de Luella del invierno pasado, proyectándome, a su vez, hacia toda una memoria fantástico-audiovisual del último cuarto de siglo. Me di cuenta, entonces, de que estoy, completa y abnegadamente, out of season.
El otro día avisté, sobre un cuerpo familiar, un bolso con motivos navideños. Instantáneamente me confesé cautivada por tal muestra de atemporalidad. Es como llevar una cesta de paja en enero, como esos cuentos en los que pasar del frío a la primavera es sólo una cuestión moral.
Fotogramas de Legend (Dir. Ridley Scott, 1985)
Pierre et Gilles, Le renard, 1998
Pierre et Gilles, Dans le Porte du Havre, 1998
Luella, colección Otoño/Invierno 08
Yo soy la primera que se quita las medias antes de tiempo -me encanta pasar frío en los pies mientras voy aún de manga larga-, y se calza las botas cuando aún ni siquiera procede el cardigan de rigor a partir de las 10 de la noche. No es más que impaciencia, nada especial.
Sin embargo, este nivel de desubicación puede ser aún mayor.
Ayer vi Legend. Lo sé, una película que debería haber visto hace 20 años, sólo que entonces tenía otros intereses. No me gustaba el color rosa, ni me sentía especialmente atraída por los cuentos de hadas y princesas. Quería ser escritora, pero de novela realista.
Ver Legend me cautivó, me fascinó y me hizo soñar con nieves perpétuas. Recordé la estética densa y saturada de Pierre et Gilles y la colección de Luella del invierno pasado, proyectándome, a su vez, hacia toda una memoria fantástico-audiovisual del último cuarto de siglo. Me di cuenta, entonces, de que estoy, completa y abnegadamente, out of season.
El otro día avisté, sobre un cuerpo familiar, un bolso con motivos navideños. Instantáneamente me confesé cautivada por tal muestra de atemporalidad. Es como llevar una cesta de paja en enero, como esos cuentos en los que pasar del frío a la primavera es sólo una cuestión moral.
Fotogramas de Legend (Dir. Ridley Scott, 1985)
Pierre et Gilles, Le renard, 1998
Pierre et Gilles, Dans le Porte du Havre, 1998
Luella, colección Otoño/Invierno 08
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