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Mi padre tomó la playa en Normandía

Así como suele ser relativamente común que se interesen por tu color, comida o canción favorita, nunca nadie ha osado preguntarme por mi sentimiento preferido. Si lo hiciera, y se aventurara a atravesar el pudor emocional que no tengo, le diría que, entre todos, elegiría siempre la nostalgia. La nostalgia es lluvia, son campos de trigo, papeles arrugados y fotografías quemadas por la luz. La nostalgia es siempre estética e idealizada, es de todo menos triste.

Ayer vi una exposición sobre el análisis del concepto y significado del souvenir a través del tiempo que, entre otras cosas, hablaba del souvenir como catalizador de la nostalgia a través de un bonito vídeo de found footage de Andrés Hispano. Adormecida por el efecto hipnótico del que es, ya lo he dicho, mi sentimiento favorito, pude contemplar la perfección hecha bola de nieve, cajita de recuerdos, recortes de nevera y recuerdos del verano que no sucedió.

En mi imaginario, elijo dos fragmentos para montar el vídeo que nunca llegaré a montar. El primero, de una película que no faltó en el collage de ayer, es casi imprescindible. El segundo, de mi película favorita de la infancia, es puro culto a la nostalgia. Nostalgia como recurso narrativo. Nostalgia como estética. Metanostalgia en todos los sentidos.

Suspiro.






Krimildas modernas


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El otro día descubrí al fotógrafo Ruven Afanador, o, más concretamente, descubrí su nombre, pues sus maravillosas fotos ya habían pasado de manera anónima por delante de mis ojillos inquietos. Son agresivas e hipnóticas. No imagino a nadie mejor para retratar a la mala malísima del cuento.

Quería compartir algunas de mis imágenes favoritas, pero, por el camino, me he ido topando con excursos fabulosos de los que me permiten ser dispersa y, según mi antigua universidad, comparativa.

He pensado inevitablemente en las leyendas germánicas, en el ciclo de los Nibelungos y en el fascinante estilismo de Krimilda en Die Nibelungen (Fritz Lang, 1924). Sus trenzas interminables me han conducido hasta las ilustraciones de Arthur Rackman para los libretos de las óperas de Wagner, con esas cautivadoras ninfas acuáticas cuyos cabellos se confunden con las aguas del Rin. He descubierto también que, sin saberlo, tuve durante años un fragmento de una de esas ilustraciones decorando una de las paredes de mi habitación de adolescente. Nunca llegué a identificarla.

Y, después de esto, me encuentro, simplemente, extasiada.

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1-2. Fotos de Ruven Afanador.
3-4. Fotogramas de Die Nibelungen (Fritz Lang, 1924)
5-6. Ilustraciones de Arthur Rackman para Der Ring Des Nibelungen (1910 ca.) de Richard Wagner.


Out of Season



En un mundo de pre-collections, pre-falls y colecciones crucero, deberíamos estar ya acostumbrados a los desvaríos estacionales y la imposibilidad de ubicarnos en la temporada, lugar y momento adecuados. No se trata de estar pasado de moda, sino de lograr salvar, con habilidad, las fricciones entre la meteorología simbólica y la real.

Yo soy la primera que se quita las medias antes de tiempo -me encanta pasar frío en los pies mientras voy aún de manga larga-, y se calza las botas cuando aún ni siquiera procede el cardigan de rigor a partir de las 10 de la noche. No es más que impaciencia, nada especial.

Sin embargo, este nivel de desubicación puede ser aún mayor.

Ayer vi Legend. Lo sé, una película que debería haber visto hace 20 años, sólo que entonces tenía otros intereses. No me gustaba el color rosa, ni me sentía especialmente atraída por los cuentos de hadas y princesas. Quería ser escritora, pero de novela realista.

Ver Legend me cautivó, me fascinó y me hizo soñar con nieves perpétuas. Recordé la estética densa y saturada de Pierre et Gilles y la colección de Luella del invierno pasado, proyectándome, a su vez, hacia toda una memoria fantástico-audiovisual del último cuarto de siglo. Me di cuenta, entonces, de que estoy, completa y abnegadamente, out of season.





El otro día avisté, sobre un cuerpo familiar, un bolso con motivos navideños. Instantáneamente me confesé cautivada por tal muestra de atemporalidad. Es como llevar una cesta de paja en enero, como esos cuentos en los que pasar del frío a la primavera es sólo una cuestión moral.

Fotogramas de Legend (Dir. Ridley Scott, 1985)
Pierre et Gilles, Le renard, 1998
Pierre et Gilles, Dans le Porte du Havre, 1998
Luella, colección Otoño/Invierno 08
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