Buenos días, y ¿buena? suerte

Acabo de darme cuenta de que hace seis meses que no toco el blog, y me parece sorprendente lo rápido que se me han pasado. He pasado de un trabajo más que precario a una crisis existencial, de una propuesta de mudanza a una mudanza interminable y de señores con barretina y cagatiós a señoras con moños y orxata. Hay que ver cómo confunden los momentos de transición.

Sobra decir que el desempleo es una mierda, que el hecho de que el día de Reyes se me perforara el oído no es puramente circunstancial y que adaptarme de nuevo a una ciudad que abandoné por desavenencias irreconciliables se me está haciendo realmente difícil.

Añadiré, en cambio, que me encanta mi nuevo barrio y que la señora del puesto de queso del mercado me regala cosas. El mercado es ahora mi ecosistema favorito. Ya tengo mi huevería de confianza, mi pollería, mi frutería-verdulería, la carnicería de las hamburguesas ricas, la señora de las lechugas y la quesería. Tengo pendiente encontrar una charcutería que me ofrezca el mejor jamón york del condado.

Y me encanta Dent May.

Chic

Louis Vuitton, Catálogo de la colección Pre-fall 2009:




Fotograma de Sex and the City (temporada 6, capítulo 20):


Mi padre tomó la playa en Normandía

Así como suele ser relativamente común que se interesen por tu color, comida o canción favorita, nunca nadie ha osado preguntarme por mi sentimiento preferido. Si lo hiciera, y se aventurara a atravesar el pudor emocional que no tengo, le diría que, entre todos, elegiría siempre la nostalgia. La nostalgia es lluvia, son campos de trigo, papeles arrugados y fotografías quemadas por la luz. La nostalgia es siempre estética e idealizada, es de todo menos triste.

Ayer vi una exposición sobre el análisis del concepto y significado del souvenir a través del tiempo que, entre otras cosas, hablaba del souvenir como catalizador de la nostalgia a través de un bonito vídeo de found footage de Andrés Hispano. Adormecida por el efecto hipnótico del que es, ya lo he dicho, mi sentimiento favorito, pude contemplar la perfección hecha bola de nieve, cajita de recuerdos, recortes de nevera y recuerdos del verano que no sucedió.

En mi imaginario, elijo dos fragmentos para montar el vídeo que nunca llegaré a montar. El primero, de una película que no faltó en el collage de ayer, es casi imprescindible. El segundo, de mi película favorita de la infancia, es puro culto a la nostalgia. Nostalgia como recurso narrativo. Nostalgia como estética. Metanostalgia en todos los sentidos.

Suspiro.






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